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Manuelber
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Ruta de las Majadas Junio del 2003
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Esta travesía, de dos días de duración, se había programado con un par de meses de antelación en el foro.
La primera fecha se concretó para los días sábado 17 y domingo 18 del mes de mayo.
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Se había establecido como condición de que debería de estar asegurada la climatología en la zona,
pero se abortó este intento dado que anunciaban tormentas y lluvias para esas fechas concretas.
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La siguiente programación se había realizado para los días 7 y 8 de junio, sábado y domingo.
A través del foro se fueron concretando los detalles y se puso un enlace directo donde se explicaba
con detalle la ruta a realizar ambos días, los horarios, la pernocta, la cena, etc., etc.
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El sábado, día 7, a las 9.00 horas nos encontramos todos en el pequeño aparcamiento del pueblo de La Molina.
Jorge Picallo, Félix y Assier habían llegado el día anterior y habían vivaqueado en la zona. También lo
hicieron Montse y Vicario que pasaron una noche en Tielve bajo el manto de miles de estrellas.
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Con los citados anteriormente y la llegada de Fernando, Puertochico (Víctor) y su hermano Carlos,
Pisapraos (Ras), Javier, Alberto Mediavilla, Marisol y el que suscribe, se completó parte del grupo.
Un poco más tarde llegan Paquete (Christian) y Marta.
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A las 10.00 horas iniciamos la marcha y dejamos este precioso pueblo de La Molina.
Víctor y Carlos han partido media hora antes. Jorge Picallo, para prevenir la posible fatiga
de su recién operada rodilla, regresa a Camarmeña para hacer la ruta al revés y unirse a
nosotros en Ondón o Cabezo Llerosos.
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Hacemos un alto en la fuente que se encuentra a la salida del pueblo y llenamos nuestras cantimploras. El día
estaba radiante, totalmente despejado, y se presume que el calor nos va a castigar.
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Después de visualizar y recrear nuestra vista en el profundo cañón que hay en el Puente de Pompedro,
formado por las aguas del Río Casaño, atacamos la pendiente serpenteante que nos conduce hasta el Coterón.
Arriba hacemos una breve parada.
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Continuamos y pasamos la cabaña que se encuentra en el inicio de la segunda rampa, los Retraites.
Aquí, Marta, tiene un bajón y necesita unos minutos de descanso. Christian nos dice que sigamos porque,
si no mejora, darán la vuelta. Afortunadamente y, tras recuperar el aliento, beber un poco de agua y
comer una pastilla energética, Marta se reincorpora.
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Pasados los Retraites, hacemos otra parada en la veguina que está al lado del Pico la Lereu.
Algunos se protegen del sol debajo de la precaria sombra de un espino. El calor empieza a ser sofocante.
Hay, además, exceso humedad, lo que produce un bochorno que nos agobia y nos hace sudar simplemente por pensar.
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Continuamos despacio la ascensión. Dejamos a nuestra izquierda la Majada de las Brañas y a nuestra derecha
la de la Redondiella. Alcanzamos la Vega de Brañarredonda, donde encontramos un montón de ganado vacuno descansando
y rumiando el desayuno.
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Tras la foto de rigor continuamos. Entramos en un pequeño pasadizo pedregoso y un tanto angosto, donde encontramos,
para nuestra sorpresa, un burro casi agonizando. El pobre animal tiene las rodillas y los nudillos de las patas
en carne viva. Está totalmente deshidratado y su lengua, engrosada por la sequedad, cae lateralmente.
Tiene la albarda puesta.
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No sabemos qué hacer. Suponemos que el pastor no debe de estar muy lejos. Lo primero que hacemos es soltarle la
albarda y quitársela. Luego con su propia cincha intentamos levantarlo del suelo y desplazarlo hacia una zona más
cómoda. Solo podemos hacerlo unos metros. El animal pesa demasiado y su situación es tan lamentable que no tiene
fuerzas para ponerse en pie. No podemos hacer más.
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Con la tristeza que produce no poder ayudar a un animal en estas situaciones, le dejamos con la confianza
de poder encontrar al pastor. Unos metros mas arriba está la cuerda a la que estaba atado el burro.
Posiblemente el exceso de calor, la sed o la presencia de algún tipo de animal o depredador llevasen al burro
a romper la cuerda y descalabrarse por aquel canalizo.
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Continuamos la ascensión en dirección a la Muesca de La Beyuga. Tras un pequeño despiste con el sendero, que
se encuentra bastante perdido en su inicio, volvemos al camino. Pasamos otra veguina donde hay un abrevadero
para el ganado. Aquí el grupo se divide. Unos se van hacia la izquierda para realizar una ascensión más
directa al Jascal y el resto, Montse, Vicario y yo, nos vamos hacia la derecha para intentarlo por la crestería.
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Llegamos a la Majada de La Beyuga donde hay un montón de ganado. En una cabaña vemos un caballo ensillado
y entendemos que tiene que estar el pastor cerca. Nos acercamos y varios perros nos saludan y advierten con sus
ladridos. Ante tal algarabía el pastor sale del interior de la cabaña y le comentamos lo del burro.
No parece afectarle mucho. Se da por enterado y se vuelve a meter en el interior de la cabaña.
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Desde esta collada de La Beyuga, obtenemos la primera gratificación visual del Macizo Occidental.
Ante nosotros se encuentra la impresionante panorámica que enlaza el Cotalba con el Jultayu, pasando
por los Poyones, Requexón, Cebolledas, Torre de Santa María, Peña Santa, Canal Parda, Traviesos,
Verdelluenga … Todas estas cumbres se encuentran adornadas y vestidas por los grandes neveros,
que realzan, aún más, su majestuosidad.
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Tras contemplar este bello espacio nos dirigimos a nuestra izquierda para subir por la ladera y
alcanzar la crestería que nos lleva hasta la cumbre del Jascal. A nuestra derecha y por debajo de
nosotros quedan el Collado Mediu y los Jondones, vegas de verdes pastos donde el ganado se mueve libremente.
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Alcanzamos la cumbre a las 14.00 horas. El calor es excesivo. Allí están Víctor y Carlos. El otro grupo
llega un poco más tarde. Recuperamos fuerzas y hacemos las fotos de rigor. Decidimos no continuar por la
crestería ya que es demasiado irregular y nos llevaría bastante tiempo cruzarla entera. Por lo tanto
decidimos bajar por la cara norte, hacia la Majada del Jascal. Así lo hacemos y volvemos a realizar
una pequeña parada en la Fuente de la Barriosa para rellenar las cantimploras, vacías.
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Tras este refrigerio continuamos ascendiendo por la canal herbosa hasta que llegamos a la base del Cabezo Llerosos.
Aquí nos encontramos con un grupo de montañeros que bajan de su cumbre. Vienen de los lagos, por la Vega de Ario,
con el fin de localizar los pasos para organizar una travesía con su grupo de montaña de Corvera.
Después de una breve charla cada uno se va por su lado.
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Nosotros continuamos con tranquilidad hasta que alcanzamos la cumbre. Allí estaba Picallo esperándonos,
sentado en el petril del vértice geodésico. El grupo fue llegando poco a poco. Repusimos fuerzas
comiendo algo, pero con brevedad, ya que tuvimos que levantar pronto la sentada debido a que se estaban
formando nieblas en distintas zonas que entraban con rapidez y amenazaban con cubrir los pasos obligados,
lo que podía conllevar un retraso en la localización de los mismos.
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Bajamos del Cabezo Llerosos siguiendo la línea de jitos que conducen a la Majada de Beceña, atravesando
una zona bastante caótica llena de lajas, llastrales y pedreros. Es una zona complicada si nos coge la niebla.
Una vez en Beceña, esperamos a que llegue todo el grupo y seguimos el camino jitado que conduce hasta la Majada de Ondón.
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Nuestra gran desilusión cuando llegamos a la charca que hay antes de la majada, con la intención de
recuperar algo de agua. No estaba en condiciones potables y nos sentamos en la verde campera de este
precioso mirador, contemplando el espectáculo visual que este lugar nos brinda. Los tres macizos con sus
principales cumbres, y la profunda y sinuosa garganta del río Cares, a nuestros pies.
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Se oyen truenos lejanos. El tiempo está cambiando con rapidez y presumimos que nos va a coger la tormenta.
Nos ponemos en marchar rápidamente. Picallo, que viene un poco retrasado, se sienta en una roca y tiene
un desvanecimiento, todo ello consecuencia de una sumatoria de factores adversos como son el calor excesivo,
el esfuerzo de la fuerte subida por la Bobia hasta el Cabezo Llerosos, la deshidratación y la falta de
entrenamiento específico. Le aportamos agua y alimentos energéticos. Con un cierto grado de recuperación
iniciamos el descenso hacia Camarmeña.
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Vamos con bastante lentitud. Jorge no puede caminar rápido. Antes de entrar en la Canal de la Bobia la
niebla se cierra sobre nosotros y nos impide ver a escasos 10 metros. Entramos en la canal y vamos realizando
algunas paradas para que Jorge se vaya recuperando. Como era de esperar, un pequeño chubasco de tormenta,
hace su presencia y nos obliga a poner los chubasqueros y, algunos, a abrir el paraguas.
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Salvar los mil metros de desnivel nos lleva bastante tiempo. La lluvia aparece y desaparece en cortas intermitencias.
El suelo se pone peligroso y muy resbaladizo, lo que obliga a extremar las precauciones. Encontramos a Víctor
que porta un par de cantimploras con agua y que ayudan a que Jorge reafirme su recuperación.
Finalmente llegamos a Camarmeña a las 21.30 horas. En la fuente del depósito saciamos nuestra sed.
Sigue lloviendo.
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Nos vamos directamente al Bar la Fuentina donde Juan, el dueño, y el resto del grupo nos está esperando.
La gente está cansada. El exceso de calor ha hecho mella en buena parte del grupo. Algunos ni siquiera
esperan la cena y se cepillan unos buenos bocadillos. Saludamos a Juanjo, Jaime y Daniel, los de Bilbao,
que llegaron a Camarmeña un par de horas antes.
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Algunos se asean en la Fuentina. Montse y Vicario se despiden del grupo porque tienen que regresar, al
igual que Víctor y Carlos. El resto hacemos tiempo mientras esperamos la cena. Los teléfonos móviles
no funcionan porque no hay cobertura, debido a que la tormenta ha hecho saltar el automático del repetidor.
Las llamadas las realizamos desde el teléfono público del bar.
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A las 22.15 nos ponemos a cenar. Una caliente y exquisita sopa de fideos, unas fuentes de ensalada y
un cabrito al horno con patatas fritas nos recuperan las energías perdidas en la travesía.
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Jorge está totalmente recuperado. El buen ambiente y los numerosos comentarios y anécdotas avivan una
tertulia distendida y entretenida. En los postres, se produce la sorpresa, inesperada para alguno.
El grupo ha decidido tener un precioso y valorado detalle para los "cabecillas" de esta marcha, Roberto y un servidor.
Roberto no ha podido acudir. Sus obligaciones familiares, después de pasarse toda la semana por
tierras gallegas, le han impedido acudir. Me hago receptor del precioso regalo: una cantimplora con funda aislante,
de litro y medio. Curiosamente, el pasado fin de semana la había perdido subiendo al Canto Llimpou, en la
travesía de Vegarredonda a Ario. Para mi un valiosísimo libro de la colección de Francisco
Ballesteros: La Garganta del Cares. Otros Caminos y las Cumbres.
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A las 12.00 de la noche, se levanta la sesión, y tras recaudar el dinero para abonar la cena, 12 euros
por cabeza, y pagar al mesonero, la mayor parte del grupo decide marcharse para sus casas. Algunos
quedamos con la boca abierta porque … no nos lo esperábamos. Pero así fue. Ciertamente así fue.
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Picallo, Félix y Assier se tienen que volver para Bilbao. Esto estaba previsto en el programa y ya lo
habían anunciado. Fernando también se tiene que ir porque tiene asuntos familiares el domingo, pero … Alberto
Mediavilla, Marisol, Marta, Javier y Ras … Esto no estaba anotado en el "Libro de Ruta".
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Total que se van todos y nos quedamos Christian, Juanjo, Jaime, Daniel y un servidor.
Hacemos una breve tertulia en la terraza del bar. A la 1.00 decidimos irnos a dormir.
Juan, el mesonero, nos deja una tenada o pajar, particular, que tiene un poco de hierba en el suelo.
Allí nos metemos y allí nos instalamos. Debajo de nuestra exquisita suite hay otro recinto que está
ocupado por un rebaño de gallinas.
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Tras distribuir el espacio y abrir las esterillas y los sacos, nos dormimos. El cansancio se nota,
aunque el revuelo de las gallinas nos despierta en un par de ocasiones a lo largo de la noche.
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El domingo, a las 8.45, Juan, llama y abre la puerta del recinto. Dice que es "hora de levantarse".
Salimos al exterior y comprobamos que el día está bastante feo. Encapotado y orbayando. Recogemos
todas nuestras pertenencias y nos vamos al bar. Nos aseamos un poco y luego desayunamos un buen
colacao con magdalenas y mermelada de arándanos, mientras le damos vueltas sobre lo que vamos a hacer.
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El tiempo no está para nada. La niebla se encuentra por encima de los 700 metros. El día está gris y
oscuro, lo que indica que las cumbres no van a estar visibles. Deliberamos y decidimos no hacer la Ruta de las Majadas.
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Esperamos hasta las 11.30. Viendo que el tiempo no cambia recogemos todo y nos vamos hasta La Molina, en
el coche de Jaime. Un poco apretados pero bien. En la Molina les propongo a los de Bilbao que para que
no pierdan el día se hagan la ruta del Río Casaño. Les parece bien. Christian y yo nos vamos tras despedirnos.
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Quedamos para una próxima encrucijada. La experiencia y el recorrido han valido la pena. Solamente el
exceso de calor afectó a una parte del grupo que no está acostumbrado a estas saunas.
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Las fotos de la excursión.
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Salida La Molina | |
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Puente Pompedro | |
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Subida Coterón | |
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Coterón | |
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Alto en Lereu | |
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Alto en Lereu | |
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Braña Redonda | |
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Beyuga | |
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Rebecu, Jascal | |
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Cumbre Jascal | |
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Bajada Jascal | |
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Majada Jascal | |
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Vega del Jascal | |
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Cabezo Llerosos | |
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Cabezo Llerosos | |
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Majada Beceña | |
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Bajada Beceña | |
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Ondón | |
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Ondón | |
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Ondón | |
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Cenando | |
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Cenando | |
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Cenando | |
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Bar La Fuentina | |
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Sobrevivientes | |
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Suite Hotel | |
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Terraza Fuentina | |
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